Acerca de la cultura

27 01 2006

Vivimos tiempos dogmáticos. La sociedad se ha dejado llevar por las grandes palabras, ha entrado en ellas y, desde dentro, las ha dinamitado. Todo se define ahora con grandes conceptos -Democracia, Libertad, Justicia, Derecho…-; conceptos vacíos de contenido pero que son argumento de autoridad y que unos y otros utilizan en pro de sus intereses. Lo mismo ha sucedido con la Cultura cuya vulgarización es, si cabe, más escandalosa: Cultura como Civilización (occidental para unos, global para otros); Cultura de una sociedad, o de una fracción de ella; Cultura enciclopédica; Cultura contra cultura (basura, nazi, integrista, terrorista); Cultura antropológica, la destrucción total del concepto porque, desde este punto de vista, la Cultura es en sí misma cultural, se construye y, por tanto, ya no sirve para defender, básicamente, ninguna identidad, que es para lo que más se ha utilizado desde el siglo XIX.
Este escueto recorrido nos sirve para contemplar cómo la Cultura se mide con un doble rasero: la Cultura “buena”, la de las grandes palabras y los grandes conoci-mientos -occidental, enciclopédica-; y la cultura “mala”, la perversa -integrista, nazi, basura, terrorista, nacionalista, antropológica-. Es obvio que en nuestra sociedad se fomenta la Cultura “buena”, pero no sólo para oponerla a la “mala”, la cuestión es más perversa.
La Cultura “buena” es también dogmática, como la “mala”, y el dogmatismo tiene el poder de hacer creer a la sociedad que está en posesión de la verdad, por lo tanto esa sociedad ya no va más allá, no se cuestiona el estado de las cosas, no discute y no evoluciona.
Se fomenta la cultura enciclopédica como fuente máxima de conocimientos y se impulsa con las nuevas tecnologías y el libre acceso a la información. Esta vulgarización de la cultura no deja lugar a que se cuestione esa información porque, supuestamente, vivimos en una sociedad plural, pero sólo supuestamente. Un recorrido por los medios de comunicación permite descubrir el verdadero sentido de lo que se ha dado en llamar “pensamiento único”; no hay debate de ideas y, desde mi punto de vista, éste es el papel de la Cultura en la actualidad: debatir…
Hay que recuperar la autonomía de la Cultura, aunque eso signifique quedarse sin la protección del aparato. La definición de Cultura que propongo, siempre provisional y huyendo del dogmatismo, es: “conocimiento crítico”. El saber tradicional, enciclopédico, proporciona las bases para la crítica, pero esta crítica ha de ser valiente y debe atreverse a aventurar las opiniones que a la mayoría pueden parecer descabelladas; eso sería síntoma de que se está en el buen camino. No me estoy refiriendo a levantar polémicas estériles, cosa muy en boga, sino a buscar y defender argumentos, a investigar, a poner de manifiesto las contradicciones, a conocer.

Ruth


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