George y la lámpara maravillosa

28 01 2006

Abatido como nunca George se refugió en su despacho. En la CNN las noticias empeoraban a cada segundo. Hundió la cara entre sus manos y lloró a moco tendido sintiendo que, hasta eso, lo hacía mal. Todo el mundo, su mundo, ese que le habían prometido, se burlaba de él y no podía hacer nada para evitarlo. Había seguido todos los consejos al pie de la letra, y aun así, nada, todo mal. Miente, le habían dicho, y él a mentir. Cállate, le decían, y él chitón. Estaba rodeado de incompetentes, eso debía ser. No era posible que todas las decisiones que tomaban por él fueran las erróneas pero, al parecer, así era. Todos le odiaban, todos. Hasta los que se suponía que estaban de su parte murmuraban a sus espaldas. En más de una ocasión les había oído llamarlo idiota. Idiota con cara de mono, decían entre risas. Había rezado para que la gente creyese sus mentiras, pero sus plegarias no parecían surtir efecto. ¿Qué Dios Todopoderoso era capaz de negarle su gracia a él, al dueño del mundo? Quizá Uno con miedo a la competencia.
Lo pensó detenidamente y después de enjugarse los ojos y sonarse los mocos se decidió. Por probar… Abrió el receptáculo secreto en la pared y sacó la vieja lámpara. La frotó con avidez y tras una brillante nube de color púrpura apareció el genio. Su expresión era de cierto reproche.
- ¿Y ahora qué? –bufó el mago de mala gana.
- ¡Quiero pedir otro deseo!. ¡Te lordeno!.
- ¿Cómo? Rotundamente no. ¿Quién eres tú para ordenarme a mí nada?
- ¿Qué? Pos lamo del mundo, no tagas el tonto.
- Por supuesto… -dijo el genio conteniendo la risa.
- Dijistes, me jurastes que se cumpliría mi deseo, pidiese lo que pidiese y mira -espetó señalando las pésimas noticias de la CNN-. Tos se burlan de mí.
- Evidentemente que se burlan, te lo dije. Y me parece recordar que también te hablé de los efectos colaterales derivados de la adjudicación del deseo. Es del todo inevitable.
- …
- Un necio a la cabeza del mundo no deja de ser un necio. Deberías haber reflexionado un poco antes de elegir. Me marcho.
- ¡Yo y tú lleguemos a un trato, ¿no tacuerdas?! –pataleó George desesperado-¡¡Soy tu amo, quiero otro deseo y quiero otro deseo y sacabó!!.
Los dos mantuvieron la mirada un instante; la del genio impávida y superlativa, la de George más simiesca que nunca.
- Sólo uno, por favor. Venga… –suplicó.
- Uno por presidente y mandato, lo sabías y lo malgastaste. Ya no hay remedio.
- ¡No, por favor! ¡No te vayas!. –dijo mientras corría tras él.
El genio se transformó de nuevo en la espectacular nube rosada y volvió al interior de la lámpara dejando a George con la palabra en la boca. Este, enajenado por la frustración, trató de propinar una patada al maravilloso objeto, dándole sólo de refilón y mandando, eso sí, uno de sus zapatos al otro lado del despacho oval. El cuadro de Lincoln encajó el zapatazo con dignidad y George se quedó en su sitio, descalzo de un pie y sin nada en la cabeza. En el interior de la lámpara el genio se atusó el turbante. -Dominar el mundo… –se dijo divertido- Ja, menudo gilipollas. Bill aguantó con un par de güevos y sólo pidió una mamada.

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