En la última planta

3 04 2006

El solecito sonrió cuando nos despertamos por la mañana.
“Llama por teléfono”dijiste,
y yo, como siempre, tiré el auricular hacia arriba, al tejado.

Se quedó clavado en el alero y nosotros subimos por el cable.
Observamos a una jauría de palomas alpinas, que bajaba
Hasta el fondo de la ciudad a cagar en las estatuas.
Su disecado caudillo de momento comparte la habitación
con nosotros y se alegra solamente cuando después de un
cuartito de hora de estiramientos volvemos a bajar y le
decimos:”Bandolero, mañana serás libre”.

David Matuska