Quería escribir algo sobre las elecciones en Italia. Algo sobre Berlusconi. Pero, la verdad, no sé mucho sobre él, así que sería poco riguroso y bastante parcial. Pero qué diablos, nunca he sido imparcial. De Berlusconi sabemos que es un poco mafioso, sabemos que tiene todas las televisiones de Italia y sabemos que es un showman sin miedo a hacer el ridículo en los foros internacionales.También nos quedan las joyas que nos ha dejado en la campaña electoral, como que los italianos deben cuidarse de los chinos porque hierven a los bebés para hacer fertilizante, o una enorme valla en la que sale sonriendo junto al eslogan “inmigrantes ilegales, no gracias”. Berlusconi domina el marketing, por eso se dejó entrevistar en Rai 3 por una comunista, dejó que le acorralara y se marchó a mitad de entrevista ¿quién va a creer que la televisión pública no es imparcial después de eso?
Berlusconi tiene muchos amigos, como nuestro Aznar que ahora se pasea por Italia pidiendo el voto para él (no necesito mucho más para apoyar a Prodi). Pero Berlusconi no es un gran orador, por lo menos no en los debates electorales, Prodi ha ganado los dos, el último por 2 a 1 (mi amiga italiana dice que en su país los debates se ganan como los partidos de fútbol, porque si no los italianos no los entienden y yo me pregunto quién de los dos habrá puesto el catenazzio).
Las encuestas que salen en los medios propiedad de Berlusconi dan ganador a Prodi y todo el mundo anda con la mosca detrás de la oreja ¿querrá que la izquierda se relaje? Pero quizá lo mejor de Berlusconi en esta campaña electoral fue cuando dijo que hay que ser muy gilipollas para votar contra él.
Entre hoy y mañana veremos cuántos gilipollas hay en Italia y, sobre todo, si esos gilipollas son suficientes, porque Italia no es tan diferente de España y, aunque nadie conoce a nadie que sea de derechas, la derecha se empeña en ganar una y otra vez.
Mi amiga italiana está ya en Italia. Antes de irse le pregunté si de verdad creía que iba a ganar Prodi. Ella miró al suelo y dijo que no podía pasar de otra forma, que no quería imaginar otros cuatro años de Berlusconi. Y yo no sé mucho de Berlusconi, ya lo he dicho antes, pero me hizo acordarme de un catorce de marzo en el que me pasé toda la tarde mirando la televisión y repitiendo en voz baja otra vez no, por favor.
A menudo me pongo sentimental, incluso con la política, y hoy me gustaría poder ayudar a mi amiga, me gustaría ser un gilipollas.
JM Soriano
Hay que recuperar la autonomía de la Cultura, aunque eso signifique quedarse sin la protección del aparato. La definición de Cultura que propongo, siempre provisional y huyendo del dogmatismo, es: "conocimiento crítico". El saber tradicional, enciclopédico, proporciona las bases para la crítica, pero esta crítica ha de ser valiente y debe atreverse a aventurar las opiniones que a la mayoría pueden parecer descabelladas; eso sería síntoma de que se está en el buen camino. No me estoy refiriendo a levantar polémicas estériles, cosa muy en boga, sino a buscar y defender argumentos, a investigar, a poner de manifiesto las contradicciones, a conocer.
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