LA LEY

16 04 2006

La ley es ésta, y es bien sencilla:
resguárdate, protégete, perdura sobre el agua y los cerezos,
aguanta olas, torbellinos, mañanas de agonía,
corre sin descanso a través de los bosques,
que no te atrapen sus malezas,
fúgate de las ramas y savia de los árboles,
procura escapar a toda costa, pero costa posible,
real, apaciguante, donde no te enredes en redes,
tibiezas, escafandras…
Haz por soportar, tenle miedo a la muerte y a los hombres,
a la nada,
a dios y a los arcángeles, evita los problemas
y el humo dulce de las horas muertas,
esfuérzate por ser,
duda de todo lo que huela a incertidumbre…
Continúa, reza, escancia sólo agua,
proponte trabajar en todas partes,
reprodúcete en silencio cada lustro y
sobre todo, no hables más allá del légamo
de los órganos simiescos que te dieron.
Porque la inexistencia es tu enemiga,
huye, sálvate, contamina el recuerdo de los hombres,
sé historia como sea,
cera sobre los labios de la épica,
una pieza importante en el engranaje del mundo,
algo,
algo que valga la pena conquistar, querer,
llorar cuando falte y mil plañideras
se retuerzan destrozadas por el suelo.
Odia si es preciso, pero queda,
espía, aplasta a los demás, tente.
La ley es ésta.
En resumen, concluyendo, sobrevive:
no importa que tu vida esté vacía…

Jorge Fernández Jaén





El eco

16 04 2006

El eco es más duro en las habitaciones desalojadas.
Ajeno.
Prepara a los otros,
los demás avisa.
Y las nubes,
a las que mis ojos son indiferentes.
Hubo días.
Claro que siguen girando
y un tanto a la ligera pinchan agujas en los párpados.
Allí el sol ya no se pone para nadie.
Estoy despedazado por la gravedad.
Las sombras fluyen por la primavera,
vivas, de pleno valor.
Anclé en alta mar,
y me pego, sudado, al piso.
Ni siquiera arriba queda algo
de la colosal presión.
Me asfixio,
y la cara poquito a poco penetra en la madera de la cubierta.

David Matuska