El eco

16 04 2006

El eco es más duro en las habitaciones desalojadas.
Ajeno.
Prepara a los otros,
los demás avisa.
Y las nubes,
a las que mis ojos son indiferentes.
Hubo días.
Claro que siguen girando
y un tanto a la ligera pinchan agujas en los párpados.
Allí el sol ya no se pone para nadie.
Estoy despedazado por la gravedad.
Las sombras fluyen por la primavera,
vivas, de pleno valor.
Anclé en alta mar,
y me pego, sudado, al piso.
Ni siquiera arriba queda algo
de la colosal presión.
Me asfixio,
y la cara poquito a poco penetra en la madera de la cubierta.

David Matuska


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