Entre books y blogs anda la cosa: ahora se editan libros redactados a partir de los post. Dejando a un lado la influencia obvia y manifiesta del 23 de abril, sí podría afirmarse que la literatura anda en su lucha particular del adaptarse o morir, en su diversificación y apertura a nuevos mercados.Lejos han quedado las agoreras premoniciones de hace unos años, cuando los visionarios predijeron el fin del papel y el triunfo del TFT. Los más optimistas sólo vieron salida digna para el PDF. Superados los temores introducidos por la novedad de Internet (en mayúscula en cualquier diccionario de estilo), parece que la industria editorial se preocupa ahora, más que de su supervivencia, de su rentabilidad, preocupación lógica cuando hablamos de empresas pero que suena a elefante en cacharrería al hablar de literatura.
Y al hablar de rentabilidad parece inevitable hablar de calidad. Muchos escritores se abanderan de calidad y culpan a las editoriales de sus escasas posibilidades de publicación. Las editoriales culpan a los escritores de no ser capaces de conectar con los lectores. Los lectores nos paseamos entre estanterías colmadas de libros, incapaces muchas veces de determinar qué tipo de producto tenemos entre las manos y, la verdad, el que pueda malgastar 25 €, que tire la primera piedra.
Por suerte, el 23 de abril, Día del Libro, hay descuento en librerías y mucho marketing, así que las referencias pueden resultarnos más conocidas. Si estáis leyendo este blog, quizá puedan interesaros los blooks; o puede que busquéis literatura a la antigua, y entonces no os haga falta para nada un 23 de abril.
Después de todo, sólo he querido probar que es posible hablar de literatura sin usarla, y que las palabras en cursiva, aunque no sean imprescindibles y puedan traducirse, ya son referentes a la hora de hablar de libros. ¿Qué está pasando?
Hay que recuperar la autonomía de la Cultura, aunque eso signifique quedarse sin la protección del aparato. La definición de Cultura que propongo, siempre provisional y huyendo del dogmatismo, es: "conocimiento crítico". El saber tradicional, enciclopédico, proporciona las bases para la crítica, pero esta crítica ha de ser valiente y debe atreverse a aventurar las opiniones que a la mayoría pueden parecer descabelladas; eso sería síntoma de que se está en el buen camino. No me estoy refiriendo a levantar polémicas estériles, cosa muy en boga, sino a buscar y defender argumentos, a investigar, a poner de manifiesto las contradicciones, a conocer.
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