Sentada en la proa, con los pies descalzos colgando, la cabeza y los brazos apoyados ociosos en la barandilla, te miro.
Me ofreces el ballet acuático más bonito que he visto. Peces de colores, medusas de todos los tamaños, silenciosas, peligrosas, bailando al son de tu marea.
Yo me siento medusa por un rato y ondulo los dedos sin darme cuenta, como si dirigiera una orquesta.
El sol se pone, ocultándose tras una montaña, y deja una extraña superficie blanca, ligeramente ondulada. En vez de mar, pareces nieve. Y todo lo que hay debajo desaparece de mi vista dejándome sólo el sonido de mi respiración.
Me abofeteas con tu salitre en invierno. Pero no me sacas del letargo. Sólo me hipnotizas aún más rugiendo.Me meto en la corriente de la ira y me dejo llevar por turbulencias entre salivas, babas, aguadas. A lo lejos oigo crujir las cubiertas de los barcos y me recuerdan mi rechinar de dientes cuando no me está permitido estallar en cólera.
Ayer me adivinaste las ideas desde tu desierto.
Con ese silencio de desierto de agua, oíste mis pensamientos. Índigo y negro. No me diste respuestas, para que las encontrara yo sola.
Negro profundo, índigo de Febrero.
Con silencio de tuareg, dejaste peregrinar mis devaneos sobre tus olas, como si fueran subidas en las jorobas de un camello. Casi pude adivinar unos ojos dorados en medio de una piel renegrida por el sol escrutándome, esperando, dando tiempo de reloj de arena para que yo llegara a mis propias conclusiones.
El chasquido de una gaviota al chocar contra el agua me rescató de la penumbra.
La luz se ha aliado con la parte más visual de mí ser para que pueda contemplar tanto azul desprendido. Me ha dejado que sea feliz por un momento viendo regatas a lo lejos. Puntos blancos compitiendo con un viento que no toco, haciéndome guiñar los ojos y nadar mentalmente en ese mar aún helado.
Siempre anduve por aquí, siempre estoy aquí, me dijiste con esa lengua de espumas con la que me susurras al oído, como un viejo amante, pero al fin y al cabo, te deshaces en espumas. Y antes que tú me arrases, yo ya me habré disuelto.
Dama Nocturna
Hay que recuperar la autonomía de la Cultura, aunque eso signifique quedarse sin la protección del aparato. La definición de Cultura que propongo, siempre provisional y huyendo del dogmatismo, es: "conocimiento crítico". El saber tradicional, enciclopédico, proporciona las bases para la crítica, pero esta crítica ha de ser valiente y debe atreverse a aventurar las opiniones que a la mayoría pueden parecer descabelladas; eso sería síntoma de que se está en el buen camino. No me estoy refiriendo a levantar polémicas estériles, cosa muy en boga, sino a buscar y defender argumentos, a investigar, a poner de manifiesto las contradicciones, a conocer.
Muy en tu línea, dama marina.