El hijo del acordeonista, de Bernardo Atxaga.

14 07 2006

Mirando mis libros, me doy cuenta de que siempre he perseguido a Bernardo Atxaga, aunque la mayor parte de las veces él ha llegado hasta mí de casualidad. Aquella extraña edición de Dos hermanos, o su autógrafo en El hombre solo. De todo lo leído, puedo afirmar que Atxaga es un hábil antagonista. Su Obaba no sería nada sin el otro mundo al que se enfrenta. Y no por ser mundos contrapuestos Obaba sale perdiendo. Al contrario, Obaba sólo es real, y lo parece, por contraposición. Como lectora desde el otro mundo que no es Obaba, he llegado a dudar de mi propia realidad.El hijo del acordeonista llegó también de casualidad. Había despertado mi interés pero, a la espera de una edición de bolsillo, había ido posponiendo la decisión de leerlo. Un regalo y un “léelo tú primera, que eres más rápida”, me dieron la oportunidad.

Es una novela sobre un manuscrito y una vida, en la que cuenta lo que no está escrito (y Atxaga es un maestro de la “no escritura”). El autor nos desliza por la memoria de la Guerra Civil, la posguerra y la Transición, de la mano de un personaje que lucha contra lo que es y huye de lo que no es. El personaje de David, con un valor difícil de describir, se resiste a olvidar todo lo que pugna por desaparecer: la lengua, el pasado, el futuro,…,. La metaliteratura, siempre tan reveladora en Atxaga, nos descubre un corazón donde sólo creímos ver tinieblas y escribe sobre lo escrito desdoblando al personaje y haciendo verdad aquello de que no somos capaces de conocernos ni a nosotros mismos.

¿Lo peor de la novela? Que se termina.

Ruth Adsuar


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Un comentario

18 07 2006
Viva la poseía

La bella lolada se fue a visitar
al joven villano con cara de pan.
-Llévame a la playa, a la vera del mar,
y me enseñas la cuca y yo a tí el calamar.
-Ay, joven villano, Ay, cara de pan,
¿y si nos lleva una ola para dentro del mar?
-Si nos lleva una ola para dentro del mar,
te me subes encima que yo sé flotar.
-¿Y si viene otra ola y me quiere llevar?
-Pues engancha el chispelo en mi gran calamar.
-Ay, qué villano, mi mendrugo de pan!
Cójeme del oricio y llévame donde el mar!!!

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