THE EXORCIST

4 10 2006

 

El otro día fui a la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. Sí, ya sé que resulta paradójico que un ateo de manual como yo acuda a un lugar tan profundamente religioso como ése, pero es que soy del parecer de que para sentir antipatía por algo hay que conocerlo previamente. La cuestión es que, entre beatos, monjas y demás habituales en este tipo de sitios me sentí de repente conmovido por una especie de sentimiento mesiánico, como si un mal muy grande tuviera que ser anulado por mi humilde persona. Y allí, en medio de aquella vorágine de corderos obedientes me convertí por unos segundos en una suerte de padre Merrin. Además, para que quedara constancia de mis servicios, un ángel me fotografió. Iluminado por un día.

P.D. No, finalmente no me tropecé con su Santidad Benedicto XVI.

Jorge Fernández Jaén


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6 respuestas

5 10 2006
Ruth

Espero que llevases a cabo mi encargo. Lo de la blasfemia, digo.

5 10 2006
Jorge

Jejeje. Claro Ruth, pequé comme il faut.

7 10 2006
Josmachine

Si yo fuese al Vaticano, una de las cosas que haría, sería tocarle el timbre al Benedicto y salir corriendo. Karol, que en sus tiempos mozos era un atleta, quizá, pero el feo éste no me pilla ni de coña.

16 10 2006
Argentálico

La ultima cosa que se me habria cruzado por la cabeza, es esta cosa que estas contando, el Vaticano mas alla de todo es una de las cosas mas imponentes y maravillosas que el hombre ha sido capaz de construir. Gracias!

18 10 2006
David Matuška

Vente a Praga a tomar una caňa conmigo aquí también hay tiempo suficiente para la salvación.

18 10 2006
Jorge

Eso está hecho Davko; nos salvaremos leyendo a Holan y bebiendo hasta ver el cielo.

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