El acceso a la vivienda como Derecho, regulado en nuestra Constitución (Art. 47), es un espejismo. Se multiplican las acciones encaminadas a reventar la burbuja inmobiliaria y se promueven todo tipo de iniciativas, como la del vídeo o la okupación del Ikea de Barcelona, tendentes a convertir en público y colectivo un problema que sigue siendo privado e individual.
Escribir “vivienda” en la barra de búsqueda de You Tube es abrir en nuestro ordenador una puerta a la información porque de todas las manifestaciones y actos que encontramos imágenes, los grandes medios de comunicación han hecho caso omiso.
Eso sí, como decía este fin de semana una de las portavoces del movimiento que okupó el Ikea de Barcelona, no hay quien se compre una casa, pero sí podemos amueblarlas por cuatro euros.
Mientras tanto, los magnates del ladrillo siguen campando a sus anchas y haciendo de los ayuntamientos sus despachos privados, construyendo lo imposible a base de dinero negro, de accidentes laborales y de la desaparición de gran parte del paisaje.
Yo me pregunto: Cuando se pinche la burbuja inmobiliaria, ¿dónde invertirán el dinero los constructores? Porque si por algo se caracteriza esta gente es por tener el oficio donde tienen el beneficio. Si dejaran de construir, ¿a qué dedicarían sus esfuerzos? O, mejor dicho, ¿cuál será el próximo derecho que nos arrebaten?
Ruth
Hay que recuperar la autonomía de la Cultura, aunque eso signifique quedarse sin la protección del aparato. La definición de Cultura que propongo, siempre provisional y huyendo del dogmatismo, es: "conocimiento crítico". El saber tradicional, enciclopédico, proporciona las bases para la crítica, pero esta crítica ha de ser valiente y debe atreverse a aventurar las opiniones que a la mayoría pueden parecer descabelladas; eso sería síntoma de que se está en el buen camino. No me estoy refiriendo a levantar polémicas estériles, cosa muy en boga, sino a buscar y defender argumentos, a investigar, a poner de manifiesto las contradicciones, a conocer.
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