Mi tío Jacinto siempre me dice “estudia inglés coño, inglés, ¿es que no ves cómo me ha ido a mí en la vida por no saber inglés puñetas? El inglés es importante, estudia inglés joder, que yo no he hecho nada de provecho por no saber inglés…”. Y se tira así dos horas, y me da la tabarra, como si el no saber aquello del “How are you? Fine, fine, fine” fuera la causa de que su desapacible vida esté consagrada a servir cervezas en vasos sucios a una sucia clientela de abueletes en una taberna de periferia llena de cadáveres de cucarachas, y le digo “que sí, tío, que sí”, y voy al Home English, y “fine, fine, and you?”. Pero es que soy tonto, tanto casi como mi tío Jacinto, y lo del to be y el have to no me entra ni pa dios, “estudia coño, que es importante”, y luego más, y yo “of course, uncle, very good”. Pero el otro día, mientras me emborrachaba en un bar, conocí a una italiana que estaba buenísima, y ¿por qué no estudiar italiano? ¿No mejora la vida con eso? “Inglés, tú inglés…”, y me voy a una academia, y “il conto, signorino…”, y luego la tía buena, y yo dale, y dale, y casi me la follo, y dale. Pero sin dejar el inglés (es importante) y ya casi políglota, y casi hasta los huevos de los idiomas y de no saber un capullo de nada.
Pero como el inglés es importante, yo “went, saw, ate”, y al final menos mal, porque la bitch de la italiana (“amore mio…”) me dejó sin kisses y sin money, porque al salir del bar me robó la cartera, y yo como un gilipollas, pensando, “pues sí que mejoran la vida los idiomas”. Y ahora, para recuperar lo que me robó “fine, fine” la golfa aquella, trabajo para mi tío Jacinto, que sigue dándome la tabarra, y el otro día vino un señor muy red y gordo a la taberna, y yo me dije “of course!!!”, y le pregunté: “Do you want a fresquita beer?”, y él me dijo “Ich bin deutsch, Idiot”. Y en ese momento, mi tío, henchido de orgullo, dijo mientras cortaba chorizo: “ése es mi sobrino, un tío de mundo, coño, coño”.
Jorge Fernández Jaén

Hay que recuperar la autonomía de la Cultura, aunque eso signifique quedarse sin la protección del aparato. La definición de Cultura que propongo, siempre provisional y huyendo del dogmatismo, es: "conocimiento crítico". El saber tradicional, enciclopédico, proporciona las bases para la crítica, pero esta crítica ha de ser valiente y debe atreverse a aventurar las opiniones que a la mayoría pueden parecer descabelladas; eso sería síntoma de que se está en el buen camino. No me estoy refiriendo a levantar polémicas estériles, cosa muy en boga, sino a buscar y defender argumentos, a investigar, a poner de manifiesto las contradicciones, a conocer.
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