Cosa

12 03 2007

Cuando mis ojos aprendieron
a enhebrar sus hallazgos
ya era tarde para tener prisa.
Tenía la voz en la mirada.

El viento hundía en los prados
sus dedos invisibles
en un límite brumoso de símbolos armados.
Qué cabeza de alfiler tan diminuta!

Me río porque sé dónde me duele.
Dejadme caminar despacio.

Israel