El eco

16 04 2006

El eco es más duro en las habitaciones desalojadas.
Ajeno.
Prepara a los otros,
los demás avisa.
Y las nubes,
a las que mis ojos son indiferentes.
Hubo días.
Claro que siguen girando
y un tanto a la ligera pinchan agujas en los párpados.
Allí el sol ya no se pone para nadie.
Estoy despedazado por la gravedad.
Las sombras fluyen por la primavera,
vivas, de pleno valor.
Anclé en alta mar,
y me pego, sudado, al piso.
Ni siquiera arriba queda algo
de la colosal presión.
Me asfixio,
y la cara poquito a poco penetra en la madera de la cubierta.

David Matuska





En la última planta

3 04 2006

El solecito sonrió cuando nos despertamos por la mañana.
“Llama por teléfono”dijiste,
y yo, como siempre, tiré el auricular hacia arriba, al tejado.

Se quedó clavado en el alero y nosotros subimos por el cable.
Observamos a una jauría de palomas alpinas, que bajaba
Hasta el fondo de la ciudad a cagar en las estatuas.
Su disecado caudillo de momento comparte la habitación
con nosotros y se alegra solamente cuando después de un
cuartito de hora de estiramientos volvemos a bajar y le
decimos:”Bandolero, mañana serás libre”.

David Matuska